Colapso de un Imperio

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Jue Jun 05, 2008 10:13 pm

No lo compadezca

La condesa Larisch, fiel a su compromiso se presentó aquella tarde al lugar de la cita. El hombre que la esperaba llevaba un abrigo negro y un sombrero que el cubría los ojos… A pesar de esto, la condesa lo reconoció. Era Juan Salvador, hijo de Leopoldo II de Toscana y primo de Rodolfo.


Juan Salvador de Toscana

No tema, la tranquilizó el archiduque;
nadie sabrá nada. Rodolfo estuvo atinado en no comunicarle el secreto. Es la única cosa que ha hecho bien.

¡Pobre Rodolfo1 exclama la condesa.

No lo compadezca. Lo mejor que podía hacer era quitarse la vida. Si alguien hubiera conocido el contendido de esta caja, la cosa habría sido mucho peor, quizás el fusilamiento…

Esto sucedía en febrero de 1889.

Pocos días después, el archiduque Salvador renunció a sus títulos, a sus bienes y privilegios, partía al exilio con el nombre de Juan Orth. El devoto pueblo austriaco comentaba conmovido: “¡El amor! ¡Ah estos románticos archiduques!”


Juan Salvador, Juan Orth

En realidad el amor existía: y mucho mas autentico que el caso de Rodolfo y Maria. Era uno de aquellos amores destinados a sacar de sus casillas y de su estado de gracia a Francisco José. Se llamaba Mitsli Stubel y era corista y bailarina de la Opera de Viena. Se conocieron en un ensayo, incursión muy grata a los archiduques. Una conversación en un palco vacío profundizó el conocimiento. Y una cena servida en un “reservado” del Sacher, lo consolidó definitivamente.


Mitsli Stubel

Pobres archiduques, se compadecía un viejo camarero del Sacher, estaban tan oprimidos por la etiqueta de la corte, que lo menos que podíamos hacer era tratar de divertirlos cuando venían donde nosotros.

La rotativa de damas que llegaban a los “reservados” del Sacher tomaba a veces un ritmo intenso. No así en el caso de Juan Salvador. Una vez que conoció a la Stubel, no volvió a ver ninguna otra dama. El archiduque Salvador de Toscana, primo del príncipe heredero, condecorado con todas las órdenes imaginables, Héroe de la campaña de Bosnia-Herzegovina, un buen día se presentó ante los padres de Mitsli como cualquier burgués. Como debido a su situación no podía ofrecer más, pidió a los padres le entregaran la muchacha, que él se encargaría de su educación y la convertiría en una verdadera dama. Los padres de la muchacha se quedaron atónitos. ¡Que honor! ¡Un archiduque! La hermana, Lori, que era cantante de la Opera, lo gorjeó por toda Viena. En cuanto a la misma Mitsli, estaba dispuesta a besar el suelo donde pisaba el archiduque. No tenía más de 15 años y la dulzura de carácter que se avenía con el tipo de belleza en boga a fines del siglo: grandes ojos un poco redondos, la boca pequeña y carnosa y abundante cabellos negro. En cierto sentido era parecida a la Vetsera.

Esta vez si se trataba de amor. Pero el desagrado de Francisco José tenia muchos otros antecedentes, ya que de amores entre grandes duques y bailarines estaba llena Viena.

Otra vez una bailarina, solía tronar el emperador, olvidándose de su Catalina Schatt.



“Querido señor hijo, heredero al trono, archiduque Rodolfo”, decía una carta del emperador de fecha 17 de marzo de 1887: “Un libelo intitulado Observaciones de Artillería Austriaca, cuyo autor es el archiduque Juan Salvador, trata, ya sea en privado, ya sea en servicio, el arma a cual el mismo pertenece, desacreditándola de la manera mas dañina. Me veo obligado a transferir a dicho archiduque al regimiento de infantería “Wilhelm 12”. Pongo a vuestra gracia al corriente de lo ocurrido”.

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Jue Jun 05, 2008 10:14 pm

Helados de naranja

Además, Juan Salvador de Toscana poseia un gran encanto y una inteligencia viva y versátil (había compuesto un ballet), y gozaba de gran popularidad: esto ya bastaba para fastidiar a Francisco José.


Carlota de Belgica

Maximiliano era uno de los 3 hermanos de Francisco José;
el segundo, Carlos Ludovico, definido por la Larisch como “un gordo de instintos animales”. Para él, el mundo significaba tres cosas: el vino viejo, las mujeres jóvenes y la caza. Viudo ya dos veces, había contraído matrimonio en terceras nupcias con una dulce criatura, Maria teresa de Portugal, a quien ofendía públicamente del modo más grosero. El tercero, Ludovico Víctor, persona culta y amable, poseía sin embargo ciertas inclinaciones que, actualmente sobre todo en ambientes teatrales, son considerados refinamiento artístico, pero en esa época era un motivo para ser alejado de la corte. Y Ludovico fue desterrado. Maximiliano era sin discusión el mejor de los 4: prestancia físico, encanto, ingenio y valor. La marina lo consideraba un dios y el pueblo lo adoraba. Esto molestaba no poco a Francisco José. Después de un matrimonio con Carlota, los descontentos fueron los dos: a Isabel no le hacia mucha gracia tener una cuñada que competía con su hermosura. La belleza significaba para Isabel un privilegio permanente y exclusivo: dormía con bisteques de carne de caballo sobre todo el cuerpo;
pasaba horas peinándose y había hecho instalar en el palacio una sala de gimnasia, atenta a no aumentar el peso que consideraba a su metro setenta y dos de estatura: no más de 56 kilos. Su único alimento eran a veces los helados de naranja con violetas, lo que explica sus frecuentes desvanecimientos. Con estos antecedentes, Francisco José no pudo estar mas contento cuando lo envió al otro lado del mar. Así llegamos al último acto de la tragedia. Mientras en Méjico, la mujer del diplomático prusiano, Agnes Salm Salm, hacia lo imposible para salvar a Maximiliano, ofreciendo su propia belleza a Juárez.


Agnes Leclerq Joy casada con el principe Felix Salm Salm

Los sentimientos de Francisco José eran muy similares con respecto a estas dos personas, Maximiliano y Juan Salvador: ambos le hacían sombra.


Maximiliano

De que modo se enteró Francisco José del complot referente a la división de la corona de Austria Hungría, todavía no se sabe;
ya es mucho que se conozca el hecho hoy en día. Rodolfo al verse entre la espada y la pared, presa de pánico, se quita la vida en Mayerling, junto a una joven de cabeza de chorlito.

El mundo habló de una historia de amor.

Sus hermanos eran demasiado insignificantes. Maximiliano y Rodolfo estaban muertos. La única amenaza a su construcción era Juan Salvador.

“¡Todavía esa bailarina!”, tronó Francisco José, ¿el archiduque Juan vive aún con la Stubel? Esto es un escándalo.

Tanto como Maximiliano y Salvador, llevaban el mar en la sangre, por algo su madre era hija de Francisco I rey de las Dos Sicilias. A la edad de 37 años, con un nuevo nombre y su amada Mitsli, el apuesto archiduque inició una nueva vida. El apellido Orth que adoptó, proviene del nombre del castillo de su madre. Armó una nave, La Santa Margarita, y comenzó a comerciar, primero entre los puertos de Europa y después pasó a Inglaterra. Hasta aquí lo que realmente se sabe. Después de su última carta comienza la novela, la leyenda tejida por la imaginación del pueblo. He aquí la carta que sobrecoge el corazón expedida por Juan Orth mientras iba a un punto a otro acompañado siempre por un dulce animalito, su valiente Mitsli.


Juan Salvador

Chatham, 26 de marzo de 1890… Hoy salgo de Chatham con destino al puerto de La Plata;
cargo cemento y en el viaje de vuelta, salitre. Hoy abandono la Europa y con ello pongo punto final a una parte de mi vida para comenzar una nueva, de trabajo, pero siempre bajo la misma bandera, una vieja bandera. Mi nave silenciosa saldrá del puerto sin un saludo y bajo la bruma y la lluvia se hará a la vela. A su bordo va un hombre que ahoga en el mar todas las esperanzas de una vida…

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Jue Jun 05, 2008 10:14 pm

Una flor blanca


Schloss Orth

Comienza la leyenda. ¿Cómo podía desaparecer un personaje de esta categoría, con una personalidad tan rica en romance, y que el mundo se resignara a perderlo sin echar mano a la leyenda?


Juan Salvador

Y mientras su madre , la gran duquesa de Toscana, en la dolorosa y alucinante capacidad de ilusión de todas las madres, aún vistiendo de luto, rehusaba dar crédito a la muerte de su hijo, las voces de aquí y allá contaban de alguien que en alguna parte del mundo había creído reconocer en una fisonomía los rasgos de Juan Orth. Primero en Buenos Aires. Se había visto desembarcar a un hombre alto y de barba rubia acompañado de una mujercita morena. Después en rosario, siempre en Argentina, vestido como italiano y bebiendo vino barato. En la frontera de Chile, llamado por los indígenas Giovanni Otten. Camarero en un Hotel de Viena en 1925. Marinero de Southhampton en 1926.
¿Estaba realmente muerto?


Maria Antonia de Dos Sicilias, madre de Juan Salvador

Conocemos un solo detalle que podría dar un indicio. Su madre recibió un día una carta de la condesa de Caserta y ese día se la vio sonreír diciendo: “Dios me ha escuchado”.

En el escote de su vestido negro llevó desde ese día una flor blanca.

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Jue Jun 05, 2008 10:15 pm

La emperatriz de la soledad…


Isabel


Sofia

En 1875. La emperatriz Isabel visitaba Paris, pero de incógnito: S. M. I. R. Elisabeth, emperatriz de Austria y reina de Hungría. “La extraña dama”, que ha suscitado tantos estudios, como los del conde Corti y de Paleologue, especialmente, debido a sus cualidades raras, no ha cesado de intrigar y conmover durante un siglo después de su muerte. Pero quien se ocupó de ella en varias oportunidades fue el brillante estilista Maurice Barrés, cuyas páginas aquí aparecen. Al pronunciar este nombre: la emperatriz Isabel, el lector imaginativo ve, con sus propios ojos, el abigarrado amontonamiento de horrores alrededor de un trono tambaleante. Su hermana, la duquesa Sofía d’Alençon, quemada viva en el bazar de la caridad;
otra hermana, que en las murallas de Gaeta pierde heroicamente un reino;
su cuñado, el emperador Maximiliano, fusilado en Querétaro;
su cuñada , la emperatriz Carlota, enloquece de dolor;
su primo predilecto, el rey Luís II de Baviera, ahogado en el lago Starenberg;
su cuñado, el conde Luís de Trani, se suicidó en Zurich;
el archiduque Juan de Toscana, renunciando a sus dignidades y perdiéndose como colono en Argentina;
el archiduque Guillermo, muerto por su caballo;
su sobrina, la archiduquesa Matilde, quemada viva;
el archiduque Ladislao, hijo del archiduque José, muerto en una partida de caza;
su propio hijo, por fin, el príncipe heredero Rodolfo, suicidado, en una noche desastrosa…


Matilde de Austria Teschen


Matilde y Maria Teresa

En su casa, la muerte, el suicidio, la demencia y el crimen parecían errar como las furias en los pórticos de Mecenas. Por último, una muerte trágica le dio un supremo prestigio a esta dama que los golpes encarnizados del destino habían trabajado como una extraña materia. (Fue asesinada en Ginebra, el 10 de septiembre de 1898, por Luccheni)

Ella fue siempre una Wittelsbach, gobernada por una imperiosa necesidad de soledad, por el amor a la fuga.



Los hermanos de la emperatriz, el duque Luís y el duque Carlos Teodoro, renunciaron a las prerrogativas de su rango, el primero para poder encontrar la libertad de su corazón;
el otro para hacerse útil y proporcionar sus cuidados a los enfermos. Ella misma, que nació un tanto novelera, había sido muy mal educada.


Maximiliano, Ludovica y sus hijos

Su padre, Maximiliano José von der Pfalz-Zweibrücken-Birkenfeld, era un pariente pobre de la familia imperial de Austria. Cargado de hijos, absorbido por el cuidado de establecer a los mayores, trabajaba laboriosamente con su mujer Ludovica, en encontrar marido para sus hijas mayores. Pensaba preocuparse de la pequeña Isabel mas tarde, cuando las mayores se hubiesen casado. Isabel se sentía muy bien en su papel de Cenicienta (fue ella misma quien se bautizó así). Aprovechaba el que nadie se preocupara de ella para recorrer el país y trabar amistad con todos los campesinos de los alrededores.


Isabel joven

Este fue el origen de sus desgracias. La niña creció ajena a la idea monárquica, en la ignorancia con respecto al sacrificio que éste exige a sus víctimas, las cabezas coronadas. En las chozas donde acampaba cuando la sorprendía la tempestad o adonde llegaba a solicitar un vaso de leche se le enseñaba otra lección, bastante peligrosa para una futura emperatriz. Allí aprendió conocer las alegrías de los humildes, su ausencia de preocupaciones y se acostumbró a la loca idea de que podría hacer lo propio. No era su culpa: nadie le enseñó que es lo adecuado en una princesa. Sus padres creían que tendrían tiempo para ello;
Isabel llevaba aún vestidos cortos y no comía jamás en la mesa con los mayores;
se podía pasar semanas enteras con ellos, en su castillo de Possenhofen sin percibir la presencia de su Cenicienta.


Possenhofen

Tenía 16 años cuando sobrevino un acontecimiento sobre la familia. La digna pareja de Possenhofen era recompensada en sus penas: la hija mayor acababa de ser pedida en matrimonio por el emperador de Austria


Sofia de Baviera

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Jue Jun 05, 2008 10:16 pm

Demasiada sensibilidad…

Un día de 1853, la duquesa Ludovica anunció, en efecto, en la mesa familiar:

Nené y Sissi (Isabel) irán a Ischl conmigo en el mes de agosto. Alégrense, hijas mías;
el emperador estará allí probablemente.


Nené y Sissi

Llegó, pero contrariamente a los deseos de la duquesa Ludovica y de la tía Sofía, madre de Francisco José, no escogió a Elena cuando la vio el 15 de agosto, sino a Isabel. Y el 18 de agosto, para su 23ª aniversario, el emperador, radiante, anunció oficialmente su noviazgo.



El matrimonio tuvo lugar el 24 de abril de 1854. Lo más fácil hecho por una criatura tan seductora. Faltaba aprender y aceptar el ambiente y las cargas de una soberana. Aquí fue donde fracasó esta emperatriz de 16 años, que encontró abrumador el ceremonial minucioso y complicado de la corte de Viena. Soñaba con un idilio de felicidad tranquila y burguesa cuando estaba en el trono.



Es por la especial condición de su sensibilidad, que Elisabeth fracasó como emperatriz. Lo que no fue un obstáculo para que revelara pensamientos políticos singularmente fuertes, verdaderas compuertas de esta fuente de pasión y de seriedad que brotaba ininterrumpidamente de ella. Así decía:



La felicidad que los hombres piden a la verdad está sometida a las leyes trágicas. Vivimos al borde de un abismo de miseria y de dolor. Es el abismo entre nuestro estado actual y aquel otro en que debiéramos encontrarnos. En cuanto queremos franquearlo, nos precipitamos y fracasamos. Cuando esta sima esté repleta de sufrimientos humanos y de los cadáveres de la felicidad, entonces se la atravesará sin peligro.


Madeira

Para olvidar este abismo de “miseria y de dolor”, al borde del cual ella vive, Elisabeth viaja sin cesar, por mar y por tierra. Va a Italia, a Madeira, a esta Hungría en que se dedica a la caza;
a Francia, a España, a Portugal, a Grecia, en fin y a Corfú, donde se hace construir una villa, “La Aquileida”, que dejará apenas esté terminada… Se dedica a la equitación, como a todo, apasionadamente. Cabalga hasta agotarse. Después del drama de Mayerling, en 1889, que le robó a su hijo Rodolfo, se pone a estudiar griego. Para este efecto, toma contacto con un joven heleno, Christómanos.

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Jue Jun 05, 2008 10:16 pm

“Hago política con el emperador”

Un día, en tanto peinan a la emperatriz y Christómanos le da su lección de griego, el emperador entra a la habitación. La peinadora desaparece tras un tapiz, como en una trampa, y se aleja. El emperador invita al estudiante a quedar allí y habla en húngaro con la emperatriz. “La emperatriz tenia en sus rasgos una expresión de atención intensa;
sus ojos miraban hacia adelante como si quisiera coger de manera aguda y penetrante un objeto infinitamente pequeño;
respondía al emperador y lo interrumpía frecuentemente. Por momentos alzaba los hombros e insinuaba una pequeña mueca, lo que hacia reír al emperador”.


Christómanos

Francisco José salió, y la emperatriz le dijo al griego Christómanos:

Acabo de hacer política con el emperador. Quisiera poder serle útil, pero parece que estoy mas adelantada en griego que en política. Además, tengo demasiado poco respeto por la política, no la considero digna de interés. Y a usted, ¿le interesa?

No mucho, Majestad. La sigo solo en sus grandes fases, cuando caen los ministros.

No están allí sino para caer, luego vienen otros, dijo ella, con un matiz curioso, una especie de risa interior en la voz.

Al cabo de un instante, ella agregó:

Los políticos creen conducir los acontecimientos y siempre son sorprendidos por ellos. Cada ministerio lleva en si su caída y esto ocurre desde el primer momento. La diplomacia no existe más que para coger el botín de un vecino. Pero todo esto que sucede, ocurre de todas maneras, por necesidad interior, por madurez. Los diplomáticos no hacen otra cosa que comprobar los hechos…



Es necesario hacer notar el cuidado que pone en prevenir a su joven maestro contra las intrigas de la corte. Al respecto le decía: “Esas personas se alimentan todos los días con faisán y perdiz, pero una hora sin chismes los haría morirse”. Agregaba: ”¡Ah, sí, ciertamente, hay quienes son muy leales a la emperatriz. Pero cada intención, para con ella, cada sonrisa debe ser pagada… Quizá yo misma doy gracias a Dios por ser emperatriz, de otra manera me iría bastante mal”.

Mostrando una pequeña habitación cuyos muros estaban literalmente cubiertos de retratos de caballos ella le comento así:

He perdido a todos estos amigos, en cambio no he ganado uno solo en su lugar. Muchos de estos caballos han muerto por mí, pero jamás lo ha hecho un hombre;
mas bien quisieran asesinarme…



Esta premonición podría ya hacer temblar al lector, pero hay aún otra anécdota más significativa.

Una tarde, después de almuerzo, en Corfú, la emperatriz y Christómanos pasaban ante una choza, un tanto apartada en una hacienda, en medio de grandes árboles negros. Una débil luz caía a través de la puerta entreabierta. Repentinamente, un grito, un solo grito estridente y prolongado cortó el aire. Luego brotó de nuevo y, con el, todo un coro de gemidos. Era un lamento de muchas mujeres, proveniente de la choza iluminada. Hubo una pausa, luego volvió la queja, más poderosa, para interrumpirse una vez más. Por encima de esta salvaje oleada, hechas de algunas notas que subían y bajaban como el mar, de un momento a otro se elevaba como una voz sola, sobrepasaba todo terror al amedrentar, toda espada al cortar.

¿Qué es esto? Preguntó con miedo la emperatriz. Y con una voz que Christómanos no le conocía, le ordenó: Vaya y vea que sucedió.

Vio sobre un suelo de tierra apisonada, varias mujeres encuclilladas, haciendo circulo. Una cosa blanca yacía tendida en el lecho. Una vieja, con sus negros cabellos en desorden, estaba desplomada en medio del círculo de mujeres. Volvió donde la emperatriz.

Alguien murió. Es la queja fúnebre de los griegos. Le preguntó que quien había muerto. El le respondió que había creído ver a una vieja yacente en la cama.

Usted se equivoca, dijo en voz baja. Debe ser un hijo de esa mujer, que grita más horriblemente que las otras. Tal vez su hijo. Vaya a informarse otra vez.

Ella volvió a llamarlo enseguida:

No, no vale la pena, sé que es su hijo.

Continuaron su camino. Después de algunos instantes de silencio, dijo repentinamente:

Para esta mujer, ninguna cosa, nada más que esto, no hay lugar en ella para otra cosa. En este momento agota toda su alma para siempre.

Después de estas palabras incomparables, calló durante toda la tarde.

Estas pobres anécdotas, pobres, pero suficientes como para proyectar grandes claridades, permiten coger los hilos que atan a esta persona excepcional al resto de la humanidad. Tenemos algunas palabras de su corazón, la llave de su primera naturaleza.

Es trivial recordar su gusto por Heine. Sin embargo ayuda a comprenderla como una desilusionada.



Christómanos le pregunto un día cual poema de Heine prefería. Ella respondió:

Los adoro todos, porque no son sino un poema, uno y él mismo. La incredulidad de Heine en cuanto a su sentí mentalidad y a sus propios entusiasmos es también mi propia creencia. Los periodistas me hacen un gran favor al declararme su admiradora, están encantados con que me guste Heine. Pero yo amo en él su infinito desprecio por su propia humanidad y la tristeza con que lo llenaban las cosas de la tierra.


Corfú

Por seductor que sea el orgullo poético, por su voluptuosidad y soledad, tale estado de espíritu deja ver una extraña actitud cuando toma su lugar. Un día en Madeira, un viejo le ofreció un ramo de camelias rojas. Ella le dio una moneda de plata. Mas adelante, una muchacha joven, con brazos llenos y tostados, le ofreció otro ramo de camelias rojas. La emperatriz le obsequio una moneda de oro. Como Christómanos el porque le daba una moneda de plata al viejo y una de oro a la joven, ella respondió: Porque es hermosa…

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Jue Jun 05, 2008 10:17 pm

La muerte



No conozco nada más conmovedor y que de la impresión de una fiebre que quiere extenderse, de una genialidad buscando desesperadamente un ambiente favorable, que las fugas continuas de esta emperatriz. Por ejemplo, ese día en que arrastró al joven Christómanos, en Schoenbrunn, bajo una lluvia de nieve, en medio de una tempestad de viento, a través de los grandes charcos de agua. “Corremos como las sanguijuelas en el pantano”, decía ella. “Dos condenados parecen errar en un mundo infernal. Sí, para mucha gente seria en infierno. Pero para mi es mi tiempo preferido. Esto se parecía a las representaciones teatrales que se hacia dar el pobre rey Luís. Siempre este aire libre es mucho más grandioso”. Y ella agregaba: “Sin duda, quisiera que el huracán fuera mas furioso, se siente entonces una tan cerca de todas las cosas y como en conversación con ellas”.



Cuando un bruto, llevado por la fatalidad que preside las antiguas tragedias, abordó a la emperatriz a las orillas de un lago, cerca del Hotel Beau-Rivage, sin duda ésta participaba siempre de lo que la gente del común denomina vida;
ya que reaccionaba aún, pero, no teniendo finalidad, voluntad ni nada que le sirviera, ella venia a ser, filosóficamente, una muerta. Con el corazón atravesado por una pequeña hoja, continúa caminando. Es tan solo sobre el puente del barco donde se desploma y entonces pregunta: “¿Que hay?” Es ella quien muere, y es ella quien pregunta: ¿Qué?


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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Jue Jun 05, 2008 10:20 pm

mañana sigo, que me falta aun, y la copiare en ambos foros, digo por si se nos quema todo de nuevo, algun foro podra rescatarse ja ja ja

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Vie Jun 06, 2008 1:59 am

Francisco Fernando


Museo Histórico del Ejército Austriaco

El automóvil en el cual fue asesinado el archiduque Francisco Fernando se encuentra en el primer piso del Museo Histórico del Ejército. Negro, no puede ofrecer un espectáculo más lúgubre. Su color, su línea. Su tétrica majestad, evocan, como un símbolo, un ataúd. Todo el Museo Histórico del Ejército Austriaco es en sí un símbolo. El arquitecto que lo construyó consideró un compromiso no omitir un solo estilo: helénico, romántico, renacentista, neogótico y barroco. Estandartes turcos, picas, lanzas, armaduras, cuadros y bustos ocupan salas y antesalas. Francisco José se repetía de cuadro en cuadro, cada vez mas viejo, mientras Isabel permanecía inmutable y solitaria con su cintura de avispa. En la última sala se encontraba el automóvil de Sarajevo, tan semejante a un féretro, y con el terminaba también el imperio austriaco.



Anillo de una cadena



“He aquí, decía el barón Cobas, historiador del museo, investigador de genealogía, recitador de memoria del Gotha y paladín de las pasadas glorias, he aquí el lugar por donde pasó la bala de Princip”, mostrando el ultimo uniforme del heredero del trono. La bala cortó la aorta de Francisco Fernando y la sangre inundó al oficial de guardia. Y en aquella habitación terminaba el imperio Austro- Húngaro. Porque Sarajevo, en el fondo constituía otro anillo de una cadena, la que había ligado los destinos de Rodolfo y Juan Orth. No porque Francisco Fernando se pareciera a los otros dos archiduques, todo lo contrario. Era un hombre duro, reaccionario, intransigente. Pero tenia cierto carácter, y algunas ideas políticas propias con respecto al Imperio;
lo que bastaba al viejo emperador para considerarlo réprobo.



Un joven misántropo

“La casa de Habsburgo contaba poco antes del caos, con hombres inteligentes y de gran personalidad, Maximiliano, Juan Orth, Rodolfo, Francisco Fernando. Pero todos naufragaron ante la personalidad de Francisco José. Este, aunque poseedor de una personalidad mediocre, tenia tal dignidad en su persona, que los defectos y debilidades del hombre desaparecían ante ella”. Luisa de Bélgica, hermana de Estefanía, estuvo lucida al escribir estas palabras.


Princip

Francisco Fernando, la victima de Sarajevo, era hijo del archiduque Carlos Ludovico, a quien no podemos precisamente definir como un paladín de la virtud;
ya hemos dicho que para él no existían en el mundo nada mas que 3 cosas: el vino viejo, las mujeres jóvenes y la caza. Había estado casado 3 veces, y había hecho a cada una de sus mujeres más infeliz que la otra. Tanto, que, las dos primeras habían decidido morirse lo más pronto posible, y la tercera no las seguía, debido a la enorme diferencia de edad con su archiducal consorte. De su segunda mujer, Maria anunciada de Dos Sicilias, hermana del “Rey Bomba”, y muerta tuberculosa a temprana edad, eran hijos Francisco Fernando, Otto y Fernando Carlos. La tragedia de Mayerling encontró a Francisco Fernando, de 27 años: un joven que había nacido viejo. Triste, austero, misántropo, dedicado a los libros y las prácticas religiosas, emergía de una larga infancia, transcurrida entre la cama, los médicos y los sinapismos. No tenia amigos ni conocía las mujeres.


Carlos Ludovico y Maria Anunciada padres de Francisco Fernando

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Vie Jun 06, 2008 2:17 am

El archiduque loco

En compensación, su hermano Otto, era considerado entre los que Bismark llamaba “los locos archiduques”, como una estrella de primera magnitud. Era una espina para Francisco José, y aún se habla de él en Viena. Recordemos una de sus hazañas. Un funeral pasaba cierto día por el “Prater”: el ataúd sobre la carroza de cuatro caballos, atrás el cortejo de parientes abrumados y el clero. Una cabalgata de brillantes oficiales con Otto a la cabeza les sale de improviso al encuentro. “¡Alto!, gritó éste, pongan el ataúd en tierra”. Entre los componentes del cortejo se produjo la confusión consiguiente, aunque algunos de los mas audaces se atrevieron a preguntar el porque de esas orden. “Es muy simple, contestó Otto, quiero saltarlo con mi caballo”. Como es fácil de imaginar, la confusión fue en aumento. Los parientes, entre lágrimas y el clero con las cruces en alto, quisieron poner resistencia a ese sacrilegio. Era lo que esperaba Otto para convertirse en una fiera y comenzar a batir la fusta gritando. “Basta, soy el archiduque y puedo hacer lo que me plazca. Pongan el féretro en tierra, que es una orden”. Los componentes del cortejo perdieron la calma, y si no hubiera sido por al intervención de la policía, la cosa podría haber terminado muy mal para su Alteza Imperial.


Otto



En otra oportunidad, bebiendo abundantemente con sus amigos, tuvo una idea que le pareció brillantísima por lo insólito de la ocasión: terminar la fiesta con amigos y botellas en el departamento de su esposa, Maria Josefa de Sajonia, que estaba alumbrando. Por fortuna, antes de entrar en la habitación de la archiduquesa, uno de sus oficiales, el más joven y el menos noble, se interpuso entre la puerta y el archiduque. Este, furioso, desenvainó la espada, y, cosa inaudita en las anales de la corte: el oficial, con mano de hierro, sujetó el brazo del archiduque. Fueron separados por el consiguiente barullo y alejados de la puerta de la parturienta. En esta forma vino al mundo aquel que por ultimo debería reinar sobre el imperio austro-húngaro, patética larva del emperador de un imperio ya deshecho.


Fernando y Berta Czuber

El tercer hermano, era un tipo por completo diferente. Vivía concentrado en intereses artísticos. Su mayor aspiración habría sido convertirse en intendente del Teatro de Viena. Inútil decir que, con respecto a esto, Francisco José no entendía razones, y que Fernando Carlos, desilusionado, terminó casándose con la hija de un profesor de literatura que se llamaba Berta Czuber. A los truenos y relámpagos de Francisco José siguió la sutil y pérfida orden de llamarlo desde ese momento simplemente “Herr Burg”.



Huérfano de madre y rodeado de semejante familia, Francisco Fernando creció en la soledad. No amaba a nadie ni nadie lo amaba. “Si se hubiera casado con tía Estefanía, me decía una de las Habsburgo, habrían formado la pareja mas impopular de todo el imperio”.

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Vie Jun 06, 2008 2:54 am

La dama de compañía

Pero aunque éstas eran las intenciones de Francisco José, Francisco Fernando no se casó con la viuda de Rodolfo, Estefanía, que declaró estar de los Habsburgo, hasta mas arriba de los cabellos, pasando a contraer segundas nupcias con el chambelán de la corte conde Lonyay: no muy listo y embebido de la etiqueta palaciega hasta la punta de sus uñas;
justo lo que deseaba Estefanía. Este matrimonio desencadenó otra tempestad de parte del emperador. Leopoldo de Bélgica, su padre, la desheredó;
pero Estefanía era rica, y ambos se retiraron a Hungría, donde tiempo después, para gloria y paz de todos, al convertirse Carlos en emperador, nombró príncipe al conde de Lonyay.


Estefanía

Excluida Estefanía, persistió la preocupación del emperador con respecto a éste heredero al trono, que se preocupaba más del asunto croata que de las mujeres.



Francisco José estaba muy solo. Isabel para dedicarse a su loco vagabundaje, lo había puesto en manos de la actriz Catalina Schratt, desapareciendo cada vez por más tiempo, sin sonreír jamás: en parte, porque era un ser verdaderamente triste, y, en parte, para ocultar la sola cosa que no era bella en su persona: los dientes. Sin embargo, Francisco José amó siempre a su esposa y su muerte lo anonadó. Después del asesinato de Isabel, en Lugano, se sintió más solo y viejo que nunca y decidió enviar al heredero en busca de esposa al castillo de Pressburg, donde habitaba la archiduquesa Isabela. Este, que venia con expresas instrucciones matrimoniales y su bagaje de medicinas, habría sufrido una metamorfosis en el castillo: echando al diablo las medicinas, sonreía y bromeaba. Casi parecía ser un ser simpático. Para decir verdad, la archiduquesa Isabela nada tenia que ver con este milagro. El mérito se debía a su dama de compañía, Sofía Chotek, una mujer alta y morena, de rostro vivo e inteligente. Desde que la vio, constituyó para él la fuente y fin de todas sus aspiraciones. La amistad, la pasión, la ternura, la compañía. Había encontrado por primera vez en la vida un ser que le comunicaba calor humano. Se agarró a este sentimiento desesperadamente. Procedió con cautela, alejándose del castillo y dejando en el dos mujeres satisfechas: Sofía, por las secretas promesas del archiduque, e Isabela, porque lo encontró mas abordable y simpático de lo que esperaba. Pero la pobre ignoraba que este estado de gracia nada tenia que ver con ella. Las revelaciones se produjeron de inmediato. El incauto valet de Francisco Fernando olvidó en su habitación un medallón con el retrato de Sofía. La archiduquesa, humillada y furibunda envió a llamar a Sofía. Las explicaciones dadas entre lágrimas y sollozos, no sirvieron para reconfortar el orgullo de la iracunda novia. Y todo terminó según los cánones de la época. Sofía de Chotek, cubierta de insultos, fue enviada a un convento de la capital. Pero un convento no era un obstáculo suficiente para un archiduque enamorado, aunque el convento fuera del Apostólico Imperio. Comunicó a Francisco José su firme propósito de convertirla en su esposa.




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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Vie Jun 06, 2008 3:07 am

Boda nocturna

En otros momentos se habría desencadenado un pandemonio. Pero Francisco José ya había conocido el dolor, y, por otro lado, este heredero era mejor que sus dos hermanos: Otto y el visionario Carlos Ludovico. Y así como a medianoche, la hora en que se celebran los funerales de los archiduques austriacos, se celebraron las nupcias entre el heredero y la dama de compañía de la archiduquesa Isabela.





“Era una mujer inteligente y comprensiva. No podemos pretender que se la quisiera en un mundo donde antes que nada prima el nacimiento;
pero nadie pudo hacer mas bien a Francisco Fernando que ella”. Así se expresa hoy la señora Bauer, hija de un ayudante de campo de Francisco Fernando, entrevistada en una de las aldeas de las afueras de Viena. “Se le dio el titulo que llevaba la mujer del fundador de la dinastía, Rodolfo I, titulo ya extinguido: el de duquesa de Hohenberg. Sin embargo, no se le permitía presentarse en público con él, lo que hacia sufrir muchísimo a Francisco Fernando. Por eso, cuando se les envió a ambos a esta presentación oficial en Sarajevo, a pesar de las misteriosas amenazas de parte de la institución revolucionaria “La Narobna Obrana”, ambos estaban felices como dos niños en vacaciones.



“Franzele, Franzele (este era el diminutivo que el daba en la intimidad), por fin voy a ser tratada como tu verdadera esposa, decía con el rostro iluminado. La señora Bauer suspiraba tristemente.



“Muchos advirtieron al archiduque al peligro que se exponía. Hasta el cielo se lo advirtió. El vagón del tren donde debían viajar los archiduques a Bosnia se incendió en el último momento y tuvo que ser cambiado. Momentos antes de salir el tren de la estación se apagaron las luces de toda la estación de Viena;
eran como señales sobrenaturales, decía mi padre, que formaba parte del cortejo”.


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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Vie Jun 06, 2008 3:19 am

“No tengamos miedo”

No hacían falta señales del cielo para comprender que en Sarajevo la cosa no andaría bien. Este viaje, organizado por Francisco José y en combinación con las maniobras militares, daba un giro a la situación ya bastante tensa entre Francisco José y Francisco Fernando. Este había comprendido, al igual que Rodolfo y Juan Orth, que el imperio austro-húngaro, tal como estaba, no podía subsistir, claro que con otros puntos de vista y otro temperamento que los anteriores. Recordemos que Francisco Fernando era católico fanático y favorecía a los correligionarios croatas, con lo que se resentía enormemente a los servios ortodoxos, que contaban con un mayor número.



“La duquesa de Hohenberg estaba encantada, continua la señora Bauer. Lejos de la rígida etiqueta española y del desprecio de que era objeto en la corte, Sofía de Hohenberg gozaba por primera vez de los privilegios de su rango, comiendo “Lukumi” y recibiendo el homenaje de hermosos rostros de ojos muy negros, se encontraba en el paraíso. No tardó en despertar de este ensueño. En la primera mañana de su arribo a Sarajevo, el automóvil archiducal, yendo hacia el municipio fue objeto del primer atentado. La bomba rebotó en la parte posterior y todos resultaron milagrosamente ilesos. El alcalde que ignoraba lo sucedido, comenzó el discurso de bienvenida que tenia preparado: “Una acogida muy calurosa, le interrumpió, bromeando, el archiduque, con bombas”. El pobre alcalde se quedó boquiabierto. “Paciencia, lo animó Francisco Fernando, prosiga con su discurso”



Una vez terminada la ceremonia, los oficiales le rogaron no moverse del lugar hasta no haber hecho un reconocimiento de la zona. “No me parece el caso de demostrar que tenemos miedo, contestó Francisco Fernando;
sin embargo, Sofía es mejor que permanezca en el municipio”.

Sofía irguiendo su bella figura vestida de blanco, contestó: “Si hay peligro, mi lugar es a vuestro lado”.

El automóvil archiducal abandonó la torta de pastelería que parece el municipio de Sarajevo y enfiló hacia el puente que atraviesa el río Miljatzka. Aquí sobreviene la tragedia.



Por amor de Dios, Franzele, que te pasa, le grita, al ver sangrar abundantemente al archiduque y al minuto caer silenciosamente a sus pies.

Por bromear, los llamabamos los desposados de medianoche, a causa de su boda, continúa suspirando la señora Bauer.

Fueron secretamente sepultados a medianoche en el Castillo de Arstetten.



Y así terminaba el viejo emperador con la última de sus victimas y con ellos ponía fin al mundo habsburguico, pero esto no lo comprendió nunca Francisco José. Cuando al morir dos años más tarde, dejaba todo el peso sobre la débil espalda del hijo de Otto, creía aún firmemente en la seguridad ilimitada del imperio apostólico.


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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por sebastopol el Vie Jun 06, 2008 9:50 am

:-) muy interesante el relato historico y las fotografias muy buenas.

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por sebastopol el Vie Jun 06, 2008 9:54 am

:-) me gustaria preguntar¿ si la hermana de sissi, la princesa elena de baviera que se caso me parece con un principe de thurn y taxis, es madre o no de una princesa de thurn y taxis que seria la primera esposa del infante miguel de portugal (hijo del rey miguel I de portugal )?

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Mafer el Vie Jun 06, 2008 5:36 pm

Pedroro... Exelente tu relato...

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Sáb Jun 07, 2008 12:28 am

El hotel Sacher

En Viena existe todavía el famoso Hotel Sacher, donde los miembros de la familia imperial pasaron las horas más felices de su vida.


Hotel Sacher

A la derecha del hall de entrada, pasando el guardarropía, hay un saloncito rosado, estrecho y largo, con las paredes tapizadas de fotografías. Entre un aperitivo y otro, los actuales clientes, en su mayoría americanos, hacen su peregrinaje al saloncito, tratando de descifrar los rostros y dedicatorias. “Ese es el archiduque Francisco Salvador y el archiduque Alberto y Fernando de Coburgo Gotha. Mas allá, la archiduquesa Maria Josefa, la princesa de Hohenlohe, y acá la princesa Windischgrätz.

Con ella, hija única de Rodolfo, bellísima como era en aquellos días, envuelta en su capa blanca, con aquellos ojos de gata, se pasa a otro mundo.


Ana Sacher

Este es el sancta sanctorum de Frau Ana Sacher. En este estrecho salón había acogido casi exclusivamente a duques, condes, príncipes, archiduques y generales. Por excepción algún burgués adinerado, miembro de la alta finanzas: como el barón Baltazzi (tío de Maria Vetsera), o Parkfrieden, fabricante de calzado para el ejercito, perro hijo natural de Francisco José. En aquella habitación apestada del olor de su infaltable habano, era donde recibía el homenaje de los grandes personajes, antes de sumergirse estos en las delicias de su famosa cocina.

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Sáb Jun 07, 2008 12:41 am

Los valses de Strauss

En un armario, que el conserje actual custodia celosamente, se encuentran aun algunos de los famosos menús, evocando placeres de un mundo lejano. “Comida ofrecida por su Apostólica Majestad, el 30 de agosto de 1885”, se lee en un encabezado por la doble corona.



En aquella época, Ana Sacher era una mujercita redonda y rosada como una peonía. El señor Sacher, vivo aún, acababa de transformar el palacio de enfrente de la opera, y obteniendo gran éxito, debido a sus extraordinarias dotes culinarias. Rodolfo todavía no se había suicidado. Isabel no se había dedicado aun a su loco vagabundaje y las fugas de “los locos archiduques”, no iban más allá de las paredes de los ya famosos separés de Sacher.


Strauss

En la Praterstrasse, en una casa parecida a un helado de frambuesa, Strauss componía sus valses y Viena bailaba.



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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Sáb Jun 07, 2008 12:47 am

Terrible etiqueta

Pobres archiduques, decía moviendo su blanca cabeza el camarero jefe del Sacher desde mas de 40 años. Era lo más explicable que trataran de descarriarse cuando podían sofocados como estaban con el ceremonial de la corte. Esta excesiva etiqueta importada de España, a fines del 1500 por un emperador que dividía sus propios intereses entre los jesuitas españoles, el astrólogo Kepler y que por algo era cuñado de Felipe II.



Aunque obviamente en tiempos de Francisco José, todo esto ya no existía una mentalidad bestial regia siempre las relaciones humanas. Minuto a minuto se establecía la duración de las audiencias y de los sermones religiosos. Y el emperador aparecía todos los días en su palco del Burgtheater, exactamente 3 minutos antes de la entrada a escena de la Schratt y lo abandonaba medio minuto antes de su última salida. El fiel cosechero Bratfisch, testigo de las escapadas de Rodolfo y que había desaparecido de la circulación temporalmente después de lo de Maryerling, aparecía nuevamente en la caseta de la carroza privada del emperador. Pero ya no debía esperar a la ventura como en los locos días del archiduque. Sabia exactamente los minutos que duraría la ritual entrevista entre el emperador y la Schratt.



Una noche, estando el emperador ya anciano, tuvo un acceso de tos. Su valet de turno, alarmadísimo, corrió a prevenir a los otros para que a al carrera fueran a buscar al doctor. Este solo pensó: “El emperador está sofocando, no hay tiempo que perder”, se colocó una bata y se dirigió a las habitaciones del emperador. Este yacía en el lecho y parecía agónico. Pero no bien se inclinó el medico sobre él, con expresión de terror, hizo un gesto con la mano, como indicándole que abandonara la habitación. Cuesta comprenderlo, pero no es difícil, dado el tipo: el medico, en el apuro, no solo no estaba vestido, sino que no usaba el frac que según la etiqueta debías llevar en tales circunstancias.



En un mundo asi, no era extraño que los príncipes y archiduques buscaran refugio en los salones de la señora Sacher.

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Sáb Jun 07, 2008 1:02 am

Elena de Baviera se casó con el principe Maximiliano de Thurn y Taxis en 1858, y tuvieron 4 hijos Luisa casada con el principe Federico de Hohenzollern (hermano del rey de Rumania), Isabel casada con Miguel duque de Braganza, Maximiliano que no se casó, Alberto que se casó con la archiduquesa Margarita de Austria.

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Sáb Jun 07, 2008 2:23 am

Funerales del emperador

Sin embargo el fin se acercaba. Sobrevino de repente aquel entierro a medianoche de noviembre en que el pueblo aterido y emocionado siguió a su emperador hasta los Capuchinos tras un palpitante centelleo de las carrozas, fue la última epopeya a la que asistió Austria Imperial. Para la señora Sacher, todo continuó igual. Siempre rosada, pero con los cabellos blancos, peinados ahora a lo Maria Teresa, y con su infaltable cigarro en la boca, recibía el homenaje de los archiduques en plena bancarrota, preguntándose si podrían cancelar la cuenta. Llevaba sus famosas perlas y su cocina era exquisita como siempre. Muchas veces hacia un giro entre las mesas con su impertinente en la mano y apuntándolo sobre cada comensal. Y si por azar alguno leía en la mesa, Alteza o no, daba un golpe con sus anteojos y libro o periódico caían a tierra.



¿Pero la señora Sacher no pensó nunca en descansar? Preguntamos al viejo camarero. Frau Sacher era Frau Sacher y no podía permitirse el lujo de perder la reputación de su ya famoso Hotel. Sin embargo, tuvo su historia sentimental, que duró hasta su muerte, con el director general Schuster.



La platería de las comidas imperiales se guardó en un armario, junto al cuadro de Isabel muy joven.

Personajes con el uniforme recamado de oro llevaban los zapatos rotos. Y por último, reaparece Estefanía, tratando de vender una valiosa e histórica diadema.

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Sáb Jun 07, 2008 2:42 am

La diadema falsa

Los austriacos pueden ser antimonárquicos cuando quieren, pero antes de repetir una historia que ponga en ridículo a los dioses del antiguo Walhalla, lo piensan dos veces. Y en este caso era cosa de pensarlo. La diadema en cuestión había sido regalada a Estefanía con motivo de su desgraciado matrimonio con Rodolfo. Era una de aquellas piezas que se transmitían de madre a hija. Un verdadero capital, y ya que no quedaba ningún Habsburgo que pudiera criticar su gesto, pensó que lo mejor que podía hacer era venderla.



En una habitación del Hotel, un joyero se inclinó para avaluar la valiosa diadema. La desilusión no tardó en producirse. Una por una las preciosas gemas habían sido substituidas por otras tantas falsas, debido a quien sabe que misteriosa necesidad, suponiendo que jamás la famosa joya seria expuesta a las vulgares apreciaciones de un comerciante con fines especulativos. Y así, una vez mas, la que salió perdiendo fue la pobre Estefanía.



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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Sáb Jun 07, 2008 2:50 am

Como una Valkiria


Carolina de Weimar, que era tan rica y tan delicada que cuando tenia dolor de cabeza hacia alfombrar las inmediaciones de su palacio para no tener ruido, terminó vendiendo flores frente a la Opera.


Palacios de la Viena Imperial

“No diré su nombre, pero se trata de uno de los banqueros más prósperos de Viena. Su hija poseía todo lo que una mujer puede desear: gracia, belleza, inteligencia. Era solo digna de un gran duque, y ella lo sabia. De repente desaparecieron de la circulación. En 1921 apareció un día en el Sacher para ordenar una torta de la casa. Daba miedo ver en lo que se había convertido la pobre. Averiguamos sobre su padre: el barón había sufrido un ataque de parálisis que podríamos llamar providencial;
no sabía que el imperio austriaco ya era un mito, ya que, como sufría del corazón, su hija no quería matarlo al darle tales noticias. De acuerdo con su medico, y con el pretexto de un cambio de aire indispensable, el barón abandonó su palacio y fue trasladado a una casita de la periferia. Y allí, dentro de una habitación, arreglada con algunas cosas del antiguo esplendor, vivía el barón;
su hija le inventaba diariamente chismes de los personajes ya sumergidos en el tiempo, y de las fiestas que se daban en la corte. Era realmente patético. Frau Sacher le regaló la más bella de sus tortas, y desde ese día nunca faltó una torta Sacher en casa del barón”.


Ana Sacher

Octogenaria, Frau Sacher moría en 1934, dejando su hotel ostentosamente arruinado. A su hijo Fernando le quedaba solamente una esposa baronesa y la receta de la famosa torta de chocolate, que había sido celosamente transmitida de generación en generación. No quedó más remedio que vender el hotel y con él la famosa receta. Fernando pasó a trabajar en otra elegante pastelería, la Frau Demel. En las vitrinas de esta apareció a los pocos días la famosa torta Sacher. Esto dio origen a una verdadera guerra troyana. El nuevo propietario del Hotel alegaba sus derechos a la torta, y Frau Demel, belicosa como una Valkiria defendía su posición: “La torta Sacher ha sido inventada por un Sacher;
forma parte de la tradición de una familia, y como tal solo un Sacher puede confeccionarla”.


Pasteleria Demel

La cosa terminó después de años. El salomónico veredicto decía: “El Hotel Sacher está autorizado para confeccionar la torta Sacher y para llamarla la autentica “Torta Sacher”;
la pastelería Demel, puede también confeccionar la torta, pero debe llevar un triangulo que diga: “Torta Sacher de la pastelería Demel”.

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por druxa el Sáb Jun 07, 2008 2:51 am

pedroro esa historia de la diadema falsa no la sabia.., que triste historial...

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Re: Colapso de un Imperio

Mensaje por Pedroro el Sáb Jun 07, 2008 5:58 am

Trabajar para vivir

La aldea de Berndorf, en el Austria septentrional, a menos de cincuenta kilómetros de Hungría, es el lugar menos apropiado para ser residencia de un archiduque de la Casa de Austria. Berndorf es hoy considerado como uno de los centros “rojos” del país. Los que no son “rojos” son “romántico-nazistas”. Y allí tiene su residencia, más bien dicho su pequeño palacio, Su Alteza Imperial el archiduque Francisco José, príncipe de Habsburgo y de Borbón, octavo hijo de Leopoldo Salvador de Toscana y de Blanca de Castilla, nacida princesa de Borbón de la línea legitimista de Don Carlos. Cómo el tercer varón de 8 hijos vivientes, se encuentra a la cabeza de la clasificación familiar para las aspiraciones monárquicas, es aún algo difícil de explicar. El primogénito Leopoldo está en el ostracismo después de un matrimonio morganático, (precedido de una hermana soltera que habita en España, y dos casadas en Italia);
sigue una hermana viuda y Antón, divorciado de Ileana de Rumania. Después viene la “oveja negra”, casada con un burgués cualquiera, que vaga no se dónde, y al fin, Francisco José, quien tampoco está casado con alguien de su alcurnia. Marta Eloisa Baumer, divorciada, hija de un coronel, ahora princesa Marta, nos recibe en su villa después de haber hecho una consulta telefónica el día anterior. “Me informé sobre su edad, nos dice, ya que me fastidian esas viejas que les encanta venir a llorar sobre los tiempos pasados”. Curioso, ya que de los tiempos pasados, ella no sabe nada. Es muy alta, sólida, con aspecto de la “business woman”. En efecto, durante y antes de la última guerra, su oficina en la Quinta Avenida de Nueva York, “Princesa Marta, decoradora de Interiores”, prosperó espléndidamente.


Leopoldo Salvador y Blanca de Borbon y su familia

Esta misma habilidad le sirvió al volver a Austria, para reconstruir su casa, que había quedado reducida poco menos que a una pesebrera. “Ni los rusos quisieron acampar aquí”, dice. Con bastante tacto, ya que se trata de un asunto dinástico, le preguntamos si tiene niños. “No, pero tenemos gatos, que es más divertido. Este es Paco”, y nos muestra un precioso felino persa.


Marta Baumer

Pero eventualmente, si se convirtiera en rey de España, la sucesión…, nos atrevemos a insistir.

Este es un punto que sólo le puede explicar mi marido y que por lo demás a mi no me interesa, ya que no tengo ninguna facilidad para los idiomas. Ya es mucho que hablé el inglés;
no me figuro aprendiendo español. Encuentro aburridísimo ser reina, toda esa etiqueta, ceremonias, y después los chismes e intrigas…


Francisco José de Toscana durante la entrevista

Mi marido piensa muy distinto… Mientras tanto, Su Alteza Imperial tardaba en volver de Viena y su mujer comenzaba a impacientarse. Estábamos casi en la mitad del almuerzo, servido a la americana, cuando apareció gesticulando Su Alteza, trayendo una torta Sacher en sus manos.


Francisco José de Toscana

En la mesa se inició un fragoroso interrogatorio en el que las lenguas italiana, alemana, española, francesa e inglesa se confundían…


Carlos Pio de Toscana hermano de Francisco José

Todo está arreglado para nuestro viaje a América;
a la vuelta pasaremos por España. Les voy a mostrar cierta carta…

El argumento ya estaba sobre el tapete. Poco a poco el príncipe habló de sus esperanzas, de los grandes apoyos con que cuenta en España, sobre todo en el sur. Los nobles españoles detestan tener que cancelar fuertes sumas para conservar sus títulos. Si el fuera rey seria: democracia y nobleza gratis.


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