FEDERIKA DE HANNOVER

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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Gorgias el Miér Dic 21, 2011 10:34 am

“Un día entraron en la habitación de mis padres, en la que yo me encontraba, dos mujeres vestidas de uniforme. Me mandaron salir. Luego me enteré de que acababa de promulgarse una ley ordenando que todos los niños ingresaran en las Juventudes Hitlerianas y aquellas dos mujeres habían ido a casa para recordar a mis padres el deber de inscribirme.

Desde aquel día, una vez a la semana tenía que ponerme un uniforme consistente en una camisa blanca y una falda y una bufanda negras. Así vestida, bajaba por la colina hasta el pueblo, en donde me reunía con otras chicas en algún aula escolar vacía. Odiaba – y sigo odiando – tener que llevar uniforme, pero consideré aquella obligación que se imponía como algo que, al final, me ponía en contacto con otras chicas. Hacíamos punto y cantábamos. Lo primero no me gustaba, pero lo segundo sí. Una de las mayores nos refería algún episodio de la vida nacional, pero no creo que nadie le hiciera mucho caso, pues no dejábamos de hablar unas con otras.

Mi padre no simpatizaba con el movimiento nazi, aunque no podía decirlo públicamente. Teníamos muchos empleados en casa, la mayor parte de los cuales pertenecían al Partido Nacional Socialista – unos con fanatismo, otros más tibiamente – , por lo que era necesario medir mucho las palabras.

Al cabo de dos semanas en las Juventudes Hitlerianas, tuve una larga conversación a solas con mi padre. Me explicó todo lo que representaba aquel uniforme y decidimos que no volviera a llevarlo y dejara de asistir a las reuniones. Como según la ley esto no era posible viviendo en Alemania, mis padres decidieron enviarme a Inglaterra.

Mi padre era partidario acérrimo de la amistad con Inglaterra. Pertenecía, como mimbro activo, a la Sociedad Anglo-alemana, y soñaba que ambos países se acercaran cada vez más. A su juicio, solamente una fuerte alianza entre los dos evitaría una nueva guerra.

Por medio de la Sociedad Anglo-alemana, mi padre conoció a Ribbentrop, que también era miembro de ella, y durante algún tiempo frecuentó nuestra casa. A mi padre le dio la impresión de que Ribbentrop buscaba su ayuda para hacer amistad con los ingleses, a los que admiraba mucho, según decía, e hizo cuanto pudo en su favor, con la esperanza de que Ribbentrop pudiera se un eslabón que uniera más a las dos naciones. Esto ocurría, naturalmente, antes de que Ribbentrop fuera nombrado embajador de Inglaterra, en donde su arrogancia y falta de tacto surtieron el efecto contrario.

Además de no querer que yo siguiera en contacto con la ideología nazi, mi padre estaba convencido de que la educación inglesa era la mejor para una muchacha como yo, por lo que acudió a la reina Mary pidiéndole que le sugiriese el nombre de algún centro escolar que me conviniese.

Me enviaron a North Foreland Lodge, un internado en Kent. Sus normas eran muy rígidas, paro allí disfruté del compañerismo que buscaba.

(Ribbentrop era un enviado de Hitler para conseguir que Federika se casara con Eduardo VIII. Viktoria Luisa dijo que ni hablar, que eso ni para reconciliar a la rama inglesa de los Hanover. POsiblemente el envío a Inglaterra fuera algo así como para dar largas a Hitler con un lo estamos intentando de este método.)



A mi llegada debía de parecer un fenómeno. Carecía de la costumbre de tratar con jóvenes de mi edad y no sabía nada del régimen de los internados, ni de sus reglas y normas. Siempre llegaba tarde a todo, pues cuando sonaba el gong no tenía idea de lo que significaba y ni siquiera me movía.

De nuevo tuve que ponerme uniforme. El de ahora consistía en una chaqueta verde, con falda y corbata del mismo color. Para las prácticas deportivas nos hacían llevar una minifalda, verde también. El sombrero era horrendo: algo como un tiesto negro que debíamos calarnos hasta las cejas. ¿Acaso se nos imponía para que estuviésemos más feas de lo que en realidad éramos?

Cuando salíamos íbamos de dos en dos y vigiladas por una profesora. No se permitía hablar o reír en los corredores. Durante algún tiempo acepté aquellas reglas por la alegría que tenía de estar con otras jóvenes, pero pronto mi espíritu rebelde volvería a dar señales de vida.

Organizaba reuniones en las que exponía a mis condiscípulas mis ideas acerca de cómo podría mejorarse la vida en las escuela. En distintas ocasiones fui elegida por unanimidad para exponer a la dirección nuestros problemas. En la actualidad es muy posible que hubiésemos ocupado el internado. Pero en aquel tiempo los estudiantes eran más corteses y respetaban a los mayores. Formulé tres peticiones: primera, que no se nos hiciera ir de dos en dos, sino en grupos, a nuestro gusto, y vigiladas no por una profesora sino por una de las alumnas mayores. Pedí también que se dejara a nuestra disposición una de las aulas para que cada tarde, durante dos horas, pudiésemos discutir y gritar cuanto quisiéramos, sin que hubiese profesoras que nos cohibieran, alegando que nos ayudaría a guardar silencio en los corredores – el barullo en ellos siempre era causa de malas notas - , ya que si dispusieran de un sitio donde hacer todo el ruido que quisieran, las chicas acabarían por no utilizarlo. Así ocurrió, en efecto. Durante los dos primeros días aquello fue una sucursal del infierno. Nos tirábamos unas a otras los almohadones, y el griterío y las risas inundaban el recinto escolar, habitualmente tan silencioso. Al tercer día el aula estaba vacía y así continuó.

Por el más insignificante error que cometiésemos nos castigaban y nos ponían malas notas. Considerando que ello era injusto, sugerí que las malas notas pudieran ser sustituidas por las buenas. Tardé tiempo en convencer a la dirección, pero al fin lo conseguí y las alumnas tuvieron desde entonces la posibilidad de auto-redimirse con su buena conducta.

Era obligatorio para todas jugar al críquet, juego que no me gusta nada, quizá porque no soy inglesa. Recuerdo que muchas veces me colocaba en mi puesto e imploraba: « ¡Dios mío, dame una vida dura y difícil, pues estoy terriblemente aburrida! ». ¡Aburrida…! A lo largo de mi existencia he recordado mucho aquellas plegarias. ¡Pobre niña tonta, con sus tontos pensamientos y plegarias!

Volví a organizar otra reunión escolar para preguntar a mis compañeras se de verdad les gustaba el críquet o si deberíamos pedir su abolición y sustituirlo por el lacrosse. Casi por unanimidad se votó la abolición del críquet, y al cabo de varias tentativas se introdujo el lacrosse, que nos divertía mucho a todas.



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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Gorgias el Miér Dic 21, 2011 10:52 am

“Cuando salí de North Foreland Lodge me enviaron a Florencia para estudiar en una escuela superior norteamericana patrocinada por la Sociedad de Naciones. En ella se abrieron mis ojos a los problemas internacionales. Me hice pacifista y escribí una tesis sobre las posibilidades de terminar con las guerras. Era un trabajo ambicioso, pero probablemente poco realista. Recuerdo que el punto principal que yo quería desarrollar era el que se terminaría con las guerras no sólo por el desarme, sino también por medio de la educación y de una nueva manera de pensar unos en otros.

Mi estancia en Florencia coincidió con el comienzo de la guerra ítalo-etíope. El día en que se hicieron públicas las sanciones decretadas en Ginebra contra Italia, Mussolini lo declaró Fiesta Nacional y ondearon al viento todas las banderas. El entusiasmo general estaba tan bien organizado que llegó a hacerse tangible. Era difícil para los extranjeros salir a la calle en Florencia, sin exponerse a que nos insultaran, por lo que pasábamos la mayor parte del tiempo dentro de la escuela. Se pidió al pueblo italiano que entregase sus alhajas, e incluso las alianzas, al Estado. Para recogerlas se colocaron en cada esquina cascos militares sobre trípodes formados por fusiles. Daba pena ver a los ancianos quitarse sus anillos, besarlos y depositarlos como ofrenda al Estado. Nos preguntábamos qué haría con sus numerosas sortijas un señor que nos daba clase. Al día siguiente se presentó sin ellas, luciendo sólo un anillo de hierro en el dedo. Cuando algunos años más tarde volví a Italia como princesa heredera de Grecia, encontré de nuevo a aquel caballero y pude ver que llevaba en los dedos todas sus sortijas.

En la casa contigua a la escuela vivía la reina Elena de Rumania. (En la toscana localidad de Fiesole, donde residía tras el divorcio de Carol de Rumanía. Primero se llamaba Villa Bobalina, pero en 1932, con la muerte de Sofía en Alemania, Helena compró la villa y la llamó Villa Esparta. Aquí acabaría viviendo su hijo, Miguel de Rumanía. con Ana de Borbón yParma, antes de salir para Lausana.)





Era hermana del rey Jorge II de Grecia y del príncipe heredero: Pablo. Me invitaba con frecuencia y precisamente en su casa me encontré un día con el rostro sonriente de Palo, que me hizo perder la cabeza y el corazón.



Durante mi niñez, Palo estuvo alguna vez en casa de mis padres y tanto a mí como a mis hermanos nos resultó muy simpático. Recuerdo que Christian, Guelph y yo llamábamos con los nudillos a la puerta de su dormitorio, donde pasaba muchas horas encerrado, para que saliera a jugar con nosotros. (Pablo y Federika se habían conocido en 1927 en le castillo de Hubertiguas, Austria, donde su madre en el exilio pasaba una temporada con sus familiares. Se llevaban diecieseis años y enotnces Federika tenía 10.)

Más recientemente, le había visto de lejos en otra ocasión. Mi hermano que estudiaba en Oxford y yo, que seguía en el internado, fuimos invitados a la boda de la princesa Marina con el duque de Kent. 1934.




Estábamos en una fila de asientos altos en la abadía de Westminter y vi abajo, junto al Rey, su hermano, a mi futuro esposo. Estaba de pie. Era alto y muy guapo. Todavía recuerdo su arrogancia, pero la verdad es que por entonces yo no significaba nada para él, como lo demuestra el hecho de que estuvo en el primer baile al que asistí en mi vida y no me hizo el menor caso. Era en Ascot y había centenares de personas que yo no conocía. Nadie se tomó la molestia de presentarme a alguien, porque las muchedumbres inglesas no se preocupan de un extraño, aunque algunos jóvenes se me acercaron pidiéndome que les reservara algún baile. Fue el Rey de Grecia, mi futuro cuñado, el que estuvo más cariñoso conmigo.



Se dio cuenta de que me encontraba completamente desorientada y sin saber qué hacer, y se sentó a mi lado, enseñándome a utilizar mi carné de baile. Me explicó que no tenía que hacer otra cosa que esperar, pues en el momento en que empezaba el baile mi pareja vendría a buscarme. Así ocurrió, pero Palo no fue ninguna de aquellas parejas. Sería, pues, en Florencia en donde nos miraríamos por primera vez cara a cara o, por lo menos, con una mirada muy diferente a la de nuestros primeros encuentros cuando él ya era un hombre y yo todavía una niña.

Ahora me invitaba a dar paseos sola con él en su coche. Sus encantadoras hermanas, la reina Elena y las princesas Irene y Catalina, aprobaban aquellos paseos, de los que mis padres no tenían la menor noticia, pues yo no se lo conté. Después de casarnos, Palo me confesó que había escrito a mi padre pidiéndole mi mano, a lo que mi padre respondió que todavía era muy joven para contraer matrimonio. Ni él ni mi madre me hablaron nunca de esto.



En vez de hacerlo, me enviaron a una granja-escuela para que aprendiese economía doméstica. Allí entré en contacto con toda clase de personas, pertenecientes a todas las clases sociales alemanas. Habría sido una experiencia interesantísima si mis cinco sentidos no hubieran estado tan lejos, en Grecia.

Recuerdo el día que ingresamos en la granja-escuela y nos llamaron por nuestros nombres. Cuando me llegó la vez de contestar a la persona que pasaba lista, oí una voz que decía casi a gritos: « ¿Es posible que tengamos entre nosotras a una cochina aristócrata? ». Miré fijamente a la muchacha para recordar su cara. Era la hija de un obrero. Decidí hacerme amiga de ella. Y creo que lo conseguí, pues siempre que estaba enferma me traía más comida que la ración que me correspondía. Luego me enteré de que la sacaba a escondidas de la cocina. El día que me fui parecía muy triste. Yo también sentí mucho tener que marcharme. Creo que fue la primera persona de ideas comunistas que traté en mi vida"
.


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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Gorgias el Miér Dic 21, 2011 10:58 am

“Finalmente me atreví a pedir a mi padre que invitase a Palo a pasar una temporada con nosotros en Austria. Me miró mucho rato y pude ver que las lágrimas empañaban sus ojos, pero accedió a escribir la invitación.

Palo se reunió con nosotros. Naturalmente, yo sabía cuál era el objeto de su viaje a Austria. Al principio paseábamos juntos, pero luego quisimos hacer excursiones más largas en coche. Mi madre, que, como yo decía, estaba « chapa a la antigua », insistió en que nos acompañase mi hermano mayor, cosa que me disgustó mucho. Palo no hizo la menor objeción, por lo que mi hermano subió al coche con nosotros para apearse en la primera revuelta. Se sentó al pie de un árbol con un libro y estuvo leyendo hasta que al cabo de tres horas volvimos a recogerle. Al día siguiente dimos un largo paseo por la orillas de un riachuelo que corría en el fondo de una profunda garganta. Anduvimos y anduvimos, y pienso que si no se hubiese acabado la vereda hubiésemos seguido andando toda la vida. Pero como se acabó, nos sentamos. De pronto, Palo me preguntó si quería casarme con él, y yo, contentísima dije que sí. Entonces, ante mi sorpresa, Palo sacó del bolsillo una preciosa pulsera de zafiros y me la dio. Al preguntarle por qué llevaba aquella alhaja en el bolsillo, me contestó: « Porque estaba seguro de que nos íbamos a prometer ». Le dije que me parecía muy mal que hubiese estado tan seguro, hasta el punto de llevar consigo el regalo.

Cuando comunicamos nuestro compromiso a la familia, cada uno de mis hermanos reaccionó conforme a su carácter. Ernesto Augusto, que era mayor, pensó que yo había tardado mucho en dar la contestación. ¿Por qué no acepté inmediatamente a Palo, en vez de esperar tantos días? Jorge, muchacho amable, discreto y objetivo, temía que me hubiese precipitado –impulsada por un espíritu aventurero- a abandonar mi país y mi familia para irme a una tierra extraña a vivir una vida nueva y feliz, por lo que me aconsejó pasarlo bien. A Christian, el más cercano a mi edad, le daba mucha pena perder a su gran amiga. Guelph, el más joven de todos, no comprendía cómo había alguien que quisiera casarse con su hermana.

Deseábamos casarnos lo antes posible. Si estábamos decididos a unir nuestras vidas, ¿para qué esperar? Sin embargo, Palo dijo que la carroza que nos llevaría a la iglesia, que no se utilizaba desde hacía mucho tiempo, tenía que ser reparada. Finalmente se fijó la fecha de la boda: nos casaríamos el 9 de enero de 1938. El 9, que era el número de la suerte para Palo, lo sería también para nuestra familia.

Mis padres, mis hermanos y yo nos trasladamos a Atenas por ferrocarril, acompañados por dos ministros del Gobierno griego, enviados para buscarme y darme escolta. Era un invierno terrible, y a causa del hielo y de la nieve que encontramos en Yugoslavia, el tren se retrasó siete horas. En la frontera nos esperaba Palo, con quien cruzamos Grecia.

En todas las estaciones del trayecto la multitud nos aclamaba. Yo no estaba acostumbrada a las muchedumbres. Al llegar a primera hora de la mañana a una estación, me encontraba todavía en la cama de mi cabina. Las cortinas estaban descorridas y desde la ventanilla pude ver al gentío que recorría el vagón de punta a punta mirando por las ventanillas con el afán de verme. Horrorizada de que me vieran acostada y con la ropa de dormir, me levanté y me escondí como pude hasta que el tren arrancó.

Al fin, llegamos a Atenas. Mis hermanos y yo estábamos junto a la portezuela. Yo llevaba un vestido de terciopelo azul y un sombrero de piel blanca –el azul y el blanco son los colores nacionales de Grecia–, y mis hermanos vestían de etiqueta con condecoraciones. El tren hizo su entrada despacio en el andén. Yo dije algo a mis hermanos, que no me contestaron. Les miré y vi que lloraban. Me emocionó tanto que estuve a punto –aunque no dejaba de pensar en la impresión que causaría a los griegos si llegaba llorando– de perder el control sobre mis nervios y echarme a llorar yo también. Entonces mi hermano Jorge me dijo que me acordara de nuestra abuela: « Piensa en ella, en cómo fue siempre con la gente, y harás bien todas las cosas ». Aquellas palabras me ayudaron a vencer la emoción del momento y las que seguirían.

El Rey, con algunos miembros de la familia real, se encontraba en el andén para darnos la bienvenida. Había formado una Guardia de Honor, cosa nunca vista por mí. Palo me dijo: « Vamos. Tenemos que pasar revista a la Guardia de Honor ». Echamos a andar e inmediatamente se me planteó un problema. Palo era muy alto y andaba muy deprisa;
yo mucho más baja, no avanzaba tanto y tuve que esforzarme para llevar su ritmo. Nunca pudimos resolver ere problema y siempre tuve que pedirle que caminase despacio.
Al salir de la estación, la plaza estaba llena de gente. Subimos al coche que nos llevaría a Palacio. En todas las calles del trayecto se apiñaban las multitudes que nos esperaban. Fue una experiencia extraordinaria para mí. Nunca había imaginado nada semejante y sin embargo lo acepté asombrosamente, a pesar de mi falta de soltura para corresponder a las aclamaciones del pueblo. En Palacio me llenó de confusión la profusión de uniformes. A causa del protocolo de la Monarquía, había cortesanos de uniforme, militares de uniforme, funcionarios de uniforme, criados de uniforme y yo no distinguía a unos de otros. El aspecto de los criados era de lo más impresionante. En uno de los salones de Palacio se encontraba el resto de la familia de Palo que no había acudido a la estación. Fui presentada a todos, pero no pude recordar a ninguno individualmente. Inmediatamente dieron comienzo las fiestas: cenas de gala, almuerzos, un concierto, bailes populares griegos y, finalmente, la boda”.


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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Gorgias el Miér Dic 21, 2011 11:11 am

“Mi padre me acompañó a la iglesia. Estaba emocionadísimo y a punto de llorar porque yo le dejaba y me perdía. Los soldados del ejército griego cubrían la carrera, y me sorprendió mucho la diferencia entre ellos y los alemanes, únicos soldados que yo conocía. Mientras pasábamos, presentaban armas con sus fusiles, pero de vez en cuando algunos bajaban el fusil, nos saludaban con la mano y volvían a su actitud militar con una gran sonrisa en el rostro. En realidad, todos sonreían, cosa inverosímil en los soldados alemanes. Era algo maravilloso y tan humano que nos contagiaron de su risa, ayudándonos a dominar nuestros sentimientos.

Después de la tensión y la emotividad de la boda, se reanudó la vida social. Volvimos a Palacio para ver los regalos de boda expuestos en uno de los salones. Mi tío Jacobo –el príncipe Jorge de Grecia– estaba allí con su mujer, María Bonaparte, que era psicoanalista y uno de los mejores discípulos de Freíd. El tío Jacobo fue siempre uno de los invitados a las cacerías organizadas por mi padre, y durante sus estancias me había hablado mucho de Grecia cuando yo no podía suponer que algún día sentiría tanto interés por este país. El tío Jacobo me enseñó dos bandejas de plata que figuraban entre los regalos y volviéndose al duque de Kent, que estaba muy cerca, le preguntó: « ¿Qué es esto? ¿No son las bandejas que os regalé a Marina y a ti cuando os casasteis? ».

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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Gorgias el Mar Dic 27, 2011 11:00 am

Folclore



(A su nieto nunca le verás vestido de gaitero asturiano con una buena montera y fajín y a ella vestida de llanisca con un buen sayal de azabache)

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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Viviana QM el Mar Dic 27, 2011 4:10 pm

Qué interesante la autobiografía de Federica. Nunca había leído ni siquiera un párrafo.
¡Gracias, Gorgias! :smt041
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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Gorgias el Mar Dic 27, 2011 4:32 pm

¿no la encuentras un tanto almibarada?

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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Viviana QM el Mar Dic 27, 2011 6:11 pm

@Gorgias escribió:¿no la encuentras un tanto almibarada?

Y... sí. ¡¡Habría que ver "
cuánto"
hay de verídico en el relato!!.
Pero es una auto-biografía y no se pueden esperar sinceras confesiones.
No creo que nadie no adorne y hasta modifique los vericuetos de su vida cuando la hace pública, y encima le pagan para ello $$$$$.
Pero debo confesar que aún me gustan algunos "
cuentos de hadas y príncipes azules"
, y éste es uno de ellos :smt057 .
A propósito, Gorgias ¿Federica lo llamaba PALO a su marido, o es un error de tipografía? Question Question Question
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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Gorgias el Mar Dic 27, 2011 6:49 pm

Sí, lo llamaba Palo, pero ni ella ni su marido hablaban español, así que no pienses en ninguna acepción del término PALO en la lengua de Cervantes. El Palo de Federika tiene todos los visos de venir de la pronunciación de un niño que todavía no habla del todo cuando en griego pronuncia PAVLOS, que no se lee Paulos, ni Pablos, sino algo asó como Pav-lo, donde la v es muy suave. (En español todavía quedan en algunos lugares vestigios de esa /v/)

Pablo, un nombre muy corriente en Grecia, viene por San Pablo, o si lo prefieres, por Pablo de Tarso=Paulo de Tarso, latinización de Saulo de Tarso. Saulo, que era judío y vivía en la Anatolia -en Tarsis, claro- llevaba el nombre del primer rey de los Hebreos: Saúl, que significa por el que Dios ha rogado Aquí tienes el motivo por el cual en francés Pablo es Paul.

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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Viviana QM el Mar Dic 27, 2011 9:55 pm

Gracias por tus explicaciones, Gorgias. Ya conocía la etimología del nombre Pablo, pero es un gusto leer tus descripciones.
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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por portablito el Mar Dic 27, 2011 11:16 pm

@Gorgias escribió:Folclore



(A su nieto nunca le verás vestido de gaitero asturiano con una buena montera y fajín y a ella vestida de llanisca con un buen sayal de azabache)

El Rey, que yo sepa, tampoco se ha vestido nunca, siendo adulto, con alguno de los diferentes trajes regionales españoles. Pero vamos, que sería mucho mejor para los Príncipes si así lo hicieran, y más en la España actual en la que cada territorio reclama su "
identidad"
a cada rato.

Saludos!

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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Gorgias el Jue Dic 29, 2011 8:31 pm


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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por mica el Lun Mar 05, 2012 8:53 pm

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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por mica el Jue Mar 22, 2012 6:42 pm


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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Viviana QM el Dom Mayo 27, 2012 1:06 am













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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Gorgias el Dom Mayo 27, 2012 12:32 pm

“Mis dos hijos mayores, Sofía y Constantino, nacieron en mi salón, en nuestra casita. Mis padres fueron a Atenas para el nacimiento de Sofía, pero cuando nació Tino, la guerra había empezado y no les fue posible desplazarse. Palo estuvo todo el tiempo a mi lado apretándome la mano. El Jefe del Gobierno estaba en el salón de abajo con el Rey, pues era costumbre que el Primer Ministro se encontrara en la casa.

Al principio del embarazo de Sofía me sentí muy mal. Creí que se trataba de algo de estómago, pero Palo sabía que íbamos a tener un hijo, lo que me pareció increíble. Como ni siquiera se me había pasado por la imaginación semejante cosa, dije: « ¿Qué voy a tener un niño? ¡Ni pensarlo! ». Pero pronto empecé a pensar en ello como la cosa más natural.

Palo y yo hubiésemos querido que nuestra hija se llamara Olga. Pero cuando terminaron las salvas de ordenanza (veinte cañonazos si el príncipe que viene al mundo es una niña), la gente que se agolpaba alrededor de la casa empezó a gritar « ¡Sofía! ¡Sofía!...». En las familias griegas se acostumbra a dar a los hijos los nombres de los abuelos, y no hay manera de darles otros diferentes. Era tan feliz en mi nueva vida, que por nada del mundo la hubiese cambiado. No obstante, las primeras Navidades en mi hogar tuvieron un momento de tristeza, aunque esto me hiciera reír más tarde. Las Navidades en casa de mis padres fueron siempre un acontecimiento importantísimo. Antes de entregarnos los regalos, íbamos a la iglesia. Ahora, en Grecia, pensé que debía hacer lo mismo. Como por aquellos días yo seguía siendo protestante, acudí a una iglesia protestante sin darme cuenta de que ir sola cuando siempre lo había hecho con mis padres y mis hermanos. Resultaría triste para mí. Me pusieron un sillón enfrente de los bancos de la comunidad de fieles. El pastor leyó el Evangelio de la Natividad y los feligreses cantaron a coro un himno navideño. Me eché a llorar, y el pastor, al advertirlo, cerró el Libro, sacó un pañuelo del bolsillo, se sonó, dejó de hablar y se volvió hacia el altar. En aquel momento el resto de los fieles empezó también a llorar.

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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Gorgias el Dom Mayo 27, 2012 12:34 pm

Después de la guerra, ingresé en la Iglesia ortodoxa griega. Era la religión de mi pueblo, que había sufrido tanto y con el que cada día me sentía más identificada, por lo que pensé que también debía ser la mía.

En los dos primeros años de nuestro matrimonio, mi marido me enseñó toda Grecia y me hizo enamorarme de ella. Lo primero que me hizo ver fueron las islas, que son la parte más hermosa del país. Son tan fascinantes porque no se parecen en nada al resto de Europa. Como Palo era muy marinero, las llevaba muy dentro de su corazón.



El primer verano de casados alquiló un yate para llevarme a descubrir las islas. La verdad es que, por entonces, no me hacía mucha ilusión navegar. Recuerdo que al comenzar nuestro primer viaje el mar estaba en calma y no pudimos izar las velas. Luego se levantó una ligera brisa. Palo, encantado, las izó . Como el balandro se inclinó un poco y yo me asusté mucho, no hubo más remedio que arriarlas y poner en marcha el motor. Cuando me acostumbré, descubrí el placer de navegar a vela y acabé por tener mi propio balandro.

Para mí era algo completamente nuevo tenderme en la blanca arena de las playas, adentrarme en las tibias aguas del mar y navegar de noche junto a Palo, que llevaba el timón. Una noche me quedé dormida en cubierta, porque el calor en el camarote era asfixiante. Me despertó un ruido como el de una tremenda tos ronca. Pregunté a Palo qué era aquel ruido y me contestó: « Lo creas o no ha sido un delfín acatarrado ». Ni él ni yo habíamos oído decir que los delfines se acatarrasen. Pero el animal salía del agua para respirar y toser terriblemente, se sumergía y volvía a reaparecer, tosiendo todavía.

Durante los años de la guerra, añoré mucho las islas. Hay un puñado cerca de Levkas en las que el mar que las rodea está tranquilísimo y el agua es tan transparente que desde bastante lejos de la playa se pueden ver los peces y las piedras del fondo. Es un paisaje marítimo de gran placidez. Si se llega a la costa a primera hora de la mañana y todavía dormidos, nos despierta el canto de las chicharras, podemos asegurar que estamos cerca de alguna de aquellas islas cubiertas de árboles, en donde las chicharras son más ruidosas que en cualquier otra parte.



El panorama más hermoso que recuerdo es el de Sunion por la noche. Echamos el ancla cerca de la isla una cálida noche de luna llena. En aquel tiempo, el lugar estaba desierto. A eso de medianoche, mi marido tomó una barquita de remos para llevarme al templo que se alza en el promontorio, construido sobre un acantilado. No se podía distinguir dónde empezaban y terminaban el mar, el cielo y la tierra. Todo estaba oscuro, menos el templo, blanquísimo bajo la luz de la luna. Contemplar Sunion a distancia desde una barca y ver reflejarse la luna sobre sus columnas es un espectáculo maravilloso e inolvidable. Ahora la isla está invadida por la multitud y no será tan encantadora como antes. Pero a pesar de todo, sigue siendo uno de mis lugares favoritos en Grecia.

En el primer viaje sufrí mucho con el calor, al que no estaba acostumbrada, y además, para empeorar las cosas, me encontraba embarazada de Sofía. En aquellos días no había aire acondicionado. Palo ponía grandes bloques de hielo en mi cama y enchufaba el ventilador para mantener fresco el aire. No creo que lo consiguiese, pero sólo con mirar el hielo me aliviaba.

Los habitantes de las islas se alegraban mucho de que yo fuese a tener un hijo. Paseando por los pueblecitos de Corfú, las mujeres se acercaban a tocarme. Viéndome embarazada pensaban que iba a dar un heredero al trono y levantaban las manos al cielo. Yo me sentía violenta, pero Palo se reía. No tardé en acostumbrarme y comprender sus sentimientos.

En todas partes, la gente nos rodeaba intentando darnos la mano y hablándonos como si fuésemos de la familia. Siempre hablaban de tú a mi marido, aunque, por lo general, usaban el usted más respetuoso para dirigirse a sus padres. Llamaban a mi marido por su nombre. No sólo mientras fue príncipe heredero, sino siendo ya rey, era para su pueblo « Pavlos » y nada más.

Yo era joven y estaba muy enamorada de mi marido. En aquello hermoso país era muy natural que empezara a sentirme parte integrante del mismo y de sus gentes, que poseen una maravillosa cualidad: que uno puede mostrarse ante ellas tal cual es. No hay nada que esconder. Y se puede manifestar libremente todas las emociones, pues es la mejor manera de hacerse comprender”.


Última edición por el Dom Mayo 27, 2012 2:41 pm, editado 1 vez

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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por glorisabel el Dom Mayo 27, 2012 2:39 pm

Gorgias - perdona que te interrumpa, pero quiero hacer una aclaración
(verdaderamente mínima). Me leí otra vez todo lo que has colocado en el foro
sobre Federica de Hannover, para refrescar mi memoria, y me encontré con
que mencionas a uno de los hermanos de Federica como "
casado, pero sin
sucesión"
. El príncipe Christian Oscar se casó, siendo ya un solterón, con
Mireille Dutry, íntima amiga de Diane von Furstemberg. De este matrimonio
nacieron dos hijas: Caroline-Luise (n. 3 mayo 1965) y Mireille-Viktoria-Luise
(n. 3 junio 1971). El matrimonio de Christian y Mireille terminó en divorcio en
1976, y el príncipe murió en 1981. No sé si las dos hijas se han casado y han
tenido descendencia.

La autobiografía de Federica es almibarada, pero, ¿qué autobiografía no lo es?
Sí dice algo que es muy cierto - su bisabuelo, el Kaiser, la adoraba. Tenía su
fotografía en su mesa de noche y siempre estaba pendiente de ella. Cuando a
Viktoria-Luise le comunicaron que su padre estaba grave, ella se apresuró a
llegar a Holanda para poder despedirse. Cuando el Kaiser la vió llegar (la
reconoció enseguida) le preguntó "
¿Sabes algo de Federica?"
, y
Viktoria-Luise le contestó "
Sí. Se encuentra bien."
, lo cual era mentira,
porque en ese momento la familia no sabía nada de Federica. Poco después de
ésto, el Kaiser murió.

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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Gorgias el Dom Mayo 27, 2012 3:05 pm

Guillermo, en su lecho de muerte, estaba preocupadísimo porque todos sabían que la familia real griega , más Jorge ,María Bonaparte, Eugenia , su hija Tatiana, habían huído de Atenas y tenían problemas con un bombardeo nazi al llegar a Creta. Viktoria Luisa mintió -han llegado bien a Egipto- como si se adelantara a los hechos.

Creo que aquí hay que citar la actitud de Guillermo ante lo nazi :

A principios de la década de 1930, el ex emperador aparentemente esperaba que la victoria del Partido nazi estimularía el interés en Alemania por el resurgimiento de la monarquía. Su segunda esposa, Hermine, pidió activamente al gobierno nazi beneficios para su esposo, pero el desprecio de Adolf Hitler por el hombre responsable de la peor derrota militar de Alemania hasta entonces, y sus propios deseos de poder absoluto, impidieron que el Tercer Reich aceptase cualquier idea de restablecimiento de la monarquía. Si bien había oficiales antiguos en la Wehrmacht que no desaprobaban la idea de restablecer una monarquía (con Guillermo II o alguno de sus descendientes), gran parte de los jerarcas nazis y de sus propias masas de simpatizantes rechazaba de plano el retorno de los Hohenzollern al poder, por lo cual Hitler pronto descartó semejante idea.
A pesar de haber recibido a Hermann Göring en Doorn al menos en una ocasión, Guillermo II desconfiaba de las intenciones de Hitler, aunque admiraba enormemente el éxito que éste había logrado en los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial, e incluso envió al Führer un telegrama de felicitaciones después de la caída de París en 1940. También había asegurado en septiembre de 1939 a Hitler el apoyo leal de los miembros de la antigua Casa de Hohenzollern (entre ellos seis nietos del ex emperador) que eran oficiales de la Wehrmacht. Sin embargo, tras la invasión nazi de los Países Bajos en mayo de ese mismo año, el anciano Guillermo II se retiró completamente de la vida pública. No obstante la ocupación alemana en suelo holandés, los líderes nazis tampoco realizaron entonces ningún acercamiento oficial al antiguo káiser. Tiempo después de la ocupación, la admiración que tenía por el dictador alemán pronto se extinguió al enterarse de las persecuciones de judíos ocurridas tanto en las zonas ocupadas como en el territorio alemán. Se dice que el propio Guillermo llegó a decir: "
Por primera vez, estoy avergonzado de ser alemán"
.
Guillermo II murió de embolia pulmonar en Doorn (Países Bajos) el 4 de junio de 1941, con soldados alemanes custodiando las puertas de su residencia al enterarse del fallecimiento del ex emperador. No obstante, se dice[cita requerida] que Hitler se disgustó de que Guillermo II tuviera una guardia de honor de tropas del III Reich, y al enterarse pensó seriamente en destituir y degradar al general de las fuerzas de ocupación que ordenó tal homenaje. Guillermo II fue sepultado en un mausoleo en las tierras de Huis Doorn, que desde entonces se han convertido en un lugar de peregrinaje de los monárquicos alemanes.
Se respetaron los deseos de Guillermo II, de que sus restos nunca fueran devueltos a Alemania hasta que se restaurase la monarquía, y las autoridades nazis de ocupación permitieron que se realizara un pequeño funeral de tipo estrictamente militar, en tanto dicho evento no implicase que el Tercer Reich apoyaba la monarquía. Aún así no se respetó la petición de Guillermo II, de que la esvástica y otros símbolos nazis no se desplegaran en sus funerales.

No encuentro el lugar de la no sucesión, pero bueno, graicas por aclarar.

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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por glorisabel el Dom Mayo 27, 2012 3:53 pm

Página 1 del hilo, donde se menciona a los hijos de Viktoria-Luise y Ernesto Augusto.

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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por glorisabel el Dom Mayo 27, 2012 4:05 pm

Me quedo boba ante lo envejecido que está Constantino II de los Helenos (hermano de
doña Sofía). En la primera página de este hilo hay una foto de él junto con nuestra
prima la QUEEN, y yo diría que Lilibet, que le lleva 14 años, luce hasta más joven que él. Crying or Very sad Crying or Very sad

Me llama la atención porque yo, de jovencita, tenía tremendo "
coco"
(enamoramiento)
con Tino. ¡Me parecía beeellooo!

Ay, Constantino, ¡quien te ha visto y quien te ve!
:smt089 :smt089 :smt089

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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Viviana QM el Dom Mayo 27, 2012 7:25 pm









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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Gorgias el Dom Mayo 27, 2012 9:08 pm

@glorisabel escribió:

Me llama la atención porque yo, de jovencita, tenía tremendo "
coco"
(enamoramiento)
con Tino. ¡Me parecía beeellooo!

Ay, Constantino, ¡quien te ha visto y quien te ve!
:smt089 :smt089 :smt089

Yo estoy asombrado con lo que mi madre se parece a Ana María. Para mí que ha sido su patrón estético. Y por algunos comentarios que recuerdo de mi madre cuando yo era niño, no me extrañaría absolutamente nada que mi madre también estuviera, cómo decirlo, con ganas de reinar sobre Grecia?

Los descendientes de Jorge I de Grecia y Olga siempre fueron de muy bien ver en su juventud, pero les dura poco, envejecen rápido y mal, mira tú Felipe de Borbón y Grecia, que a los 44 parece que tiene 60.

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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por glorisabel el Dom Mayo 27, 2012 9:29 pm

¿Qué sucedió con la corona que llevaba Federica en su boda? Question Question Question

¿Por qué Felipe y su mujer no pueden lucir trajes regionales? Haakon
y Mette-Marit lo hacen, e igual Victoria de Suecia y sus hermanos. :smt102 :smt102 :smt102

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Re: FEDERIKA DE HANNOVER

Mensaje por Gorgias el Dom Mayo 27, 2012 9:38 pm

Tú crees que podrían vestir así? Falta les hace tener algún detalle ....



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